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La Pachira Aquatica

La Pachira es una variedad tropical (se comercializa desde tamaño bonsai hasta árbol) que vive muy cerca del agua, aunque no hay que creer por ello que va a necesitar mucha agua. Las tierras donde crece originariamente son muy drenantes. Aquí se puede cultivar casi con cualquier tipo de substrato, no es una planta exigente en ese aspecto.

Pachira acuática

El principal problema en cuanto a su cultivo en interior es el encharcamiento de sus raíces, que hará que se caigan las hojas y que se pudran los tallos. Así que es preferible dejar que la tierra se seque entre riego y riego. Lo que sí necesita es humedad en el ambiente. En Valencia de eso andamos servidos, pero si no es vuestro caso, es recomendable que pulvericeis sus hojas habitualmente.

Otra cuestión es la luz
Siempre se desarrollará mejor cerca de una ventana, pero tolera bien la semisombra. Se puede cultivar también en exterior, aunque protegida de corrientes de viento, del exceso de sol y evitando los cambios bruscos de temperatura… Así que es un poco más difícil. En interior se aplican las mismas normas. Prefiere los ambientes calidos y húmedos.
Como curiosidad os contaré que es conocida como el árbol del dinero; hay una leyenda que cuenta que un granjero en Taiwan encontró la planta, la cuidó, vendió semillas y frutos y prosperó. Los seguidores del Feng Shui la aprecian mucho porque sus cinco hojas representan los cinco elementos: madera, agua, metal, fuego y tierra. Todo ello evoca prosperidad, por tanto, es una planta que llama a la fortuna.
¡Os animo a que adquiráis una! Como veis, es una planta preciosa y elegante que con un poco de constancia, adornará  el lugar donde la situéis, porque tiene un gran valor estético.

¡Hasta pronto!

Marisa (Fina Floristes)

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La belleza de la zamioculca

Para la mayoría de nosostros han finalizado las vacaciones y volvemos cargados de energía y buen rollo a nuestros hogares. Es el momento idóneo para transmitir esa buena energía a nuestras casas y conseguir con pequeños gestos que sea más acogedora y la sintamos como nuestro refugio para la batalla del día a día.

Uno de esos pequeños gestos podría ser incluir un poco de naturaleza en nuestra vida con una planta como la zamioculca.

Plantas: Zamioculca

 

La zamioculca es una planta de origen africano, soporta bien las altas temperaturas y la escasez de agua debido al grosor de sus tallos y raices que almacenan el agua, por tanto, se aconseja un riego espaciado y escaso.

Es una planta de interior, prefiere los lugares luminosos y podría vivir en exterior en los meses cálidos siempre y cuando no reciba el sol directo. Debido al crecimiento de sus raíces se recomienda transplantar cada dos años en primavera, aunque el crecimiento de sus tallos y hojas es más bien lento.

Abónala al comienzo de la primavera y disfruta de toda su belleza. ¡El brillo natural de sus hojas acaparara todas las miradas!

Marisa (Fina Floristes)

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La belleza de la Pasionaria o Passiflora

Hoy voy a hablaros de una planta cuya flor me impactó desde el primer momento en que la vi: la Pasionaria (Passiflora).

Esta planta trepadora es incansable, muy vigorosa y procede de Brasil, por lo tanto, se adapta estupendamente a nuestro clima. Sus hojas son de un verde oscuro, palmeadas y brillantes. Las flores son indescriptiblemente hermosas y muy curiosas, diría que es la más original que he visto, con sus sépalos, pétalos, la corona de filamentos coloreados… en fin, como siempre se ha dicho, una imagen vale más que mil palabras! ¿No os parece preciosa?

passiflora-grande

 

Le gusta recibir el sol directo, al menos tres horas al día. Hay que regarla abundantemente pero sin dejar que el agua se estanque. La  floración se produce en verano y a principios de otoño. Durante el invierno se mantiene en reposo así que simplemente hay que evitar que la tierra llegue a secarse.

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Se puede cultivar en interior, pero al ser una trepadora incansable, ¡no lo aconsejo! Jejeje! Yo tengo un par en mi terraza y no me canso nunca de observarlas… ¡no dejan de fascinarme!

Marisa (Fina Floristes)

 

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Entre el clavel y la rosa…

 

Siempre he sido una homicida de flores. Y no por maldad —ya me gustaría a mí ser una virtuosa, y disfrutar de bellísimas variedades a mi alrededor— sino porque ramo que entraba en mi casa, ramo que fallecía precozmente. Así que he investigado y he tomado apuntes sobre cómo lograr que las flores se mantengan preciosas el mayor tiempo posible. Transcribo aquí mis descubrimientos.

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• A las flores frescas no les debe dar el sol directo. ¡Y yo, que las ponía en la ventana, para que creyeran que están en el campo! Pues no, hay que retirarlas. Y mantenerlas alejadas, también, de los radiadores y de las salidas de aire acondicionado en verano.

• El agua del jarrón se cambia a diario. En cuanto está amarilla, es señal de que abundan las bacterias, que taparán los poros de los tallos y les dificultará su correcta absorción. Un buen truco es cortar y retirar todas las hojas sumergidas: lo único que conseguirán es que proliferen las bacterias con más rapidez.

• Cada día conviene cortar unos 3 cm de tallo. Pero nunca en recto, sino en diagonal, para facilitar la llegada de los nutrientes a la flor. Y para prolongar su vida un poquito más, conviene añadir conservantes al agua. Si no los tienes a mano, basta con una aspirina disuelta.

¿Quiere más ideas? Entra aquí >>

¡Seguimos en contacto!

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Cuando Lorenzo asoma…

EMO terraza _0028¡Qué ganas de que salga el sol! Y no soy la única, porque parece que todos lo estamos deseando. Será que soy muy mediterránea pero a mí me cambia el carácter cuando el querido Lorenzo asoma. Y ayer mismo, con el atisbo de calorcito, se me encendió la lucecita esa que está ahí, latente, pero ahí, y que en cualquier momento puede lucir. Y ¿qué ocurrió? Que me puse a mirar por la ventana del salón y vi esa pequeña porción de terrenito que tengo en casa. No imaginéis nada grandioso ni espectacular, pero es ese pedacito de respiro que tan bien me viene en las noches de verano. Es como estar en tu particular oasis, sí, rodeada de vecinos por todas partes, pero oasis. Y para que lo sea hay que acondicionarlo; porque ahora mismo, y con tanta lluvia, se ha convertido en un barrizal impracticable. De hecho, salir se convierte en un peligro y me imagino siendo tragada por la tierra, como si de arenas movedizas se tratase. Y con el sol, el buen tiempo, la no lluvia, llegó la inspiración e imaginé una zona de comedor, un pequeño rincón de estar, unas plantas por aquí y un hueco para la plancha eléctrica por allá. Y ¿qué pasó? Que me quedé sin espacio antes de empezar. Tendría que ampliar el terreno para todo lo que se me pasó por la cabeza. “¿Estará dispuesto el vecino a cederme algunos metros?” Llegué a pensar.

Creo que esto no va a ser posible. Y el siguiente inconveniente es que, todo esto está muy bien, pero con algo de intimidad, porque ya sabemos la vena cotilla que tenemos todos, la que nos lleva a tirarnos a la mirilla si escuchamos una conversación un tanto comprometida al otro lado de la puerta. Y es que cuando estamos a resguardo, miramos sin miramientos, ¡nunca mejor dicho!

Total, que tengo que conseguir algo de intimidad y para eso lo mejor es una pérgola, pero quiero algo moderno. Lo mejor es que la oferta que existe ahora me va a permitir hacer cualquier cosa. Modelos de madera, de aluminio, con velos, screen, lamas orientables, toldos mecanizados. Ya no son los cuatro postes y el tejadillo tipo circo. No quiero una carpa circense. Sino algo más elegante, con clase. Que será todo lo pequeño que quieras mi oasis, pero muy glamouroso. Bueno, lo será, o al menos lo intentaré.

Da gusto lanzarse ahora a los centros de jardinería y tiendas porque empiezan a verse las colecciones de mobiliario de exterior. Y te sientas, pruebas balancines, sillones con mullidos cojines, conjuntos apilables, tumbonas, mesas altas con taburetes -lo último para el jardín- y pufs de mil tamaños. Me encanta la tendencia chill out, he de reconocerlo, y si estáis como yo, os invito a que echéis un vistazo a las camas con dosel para exterior (aunque no tengas espacio ¿por qué no soñar?) o los sillones realizados con colchonetas de colores vivos que van directamente sobre el suelo.

Y en cuanto a la iluminación, ¡hay tanto por descubrir! Focos empotrados, apliques orientables, lámparas solares… Tengo que pensar cada punto concienzudamente para no colocar un foco en un lugar equivocado y que tenga un ejército de mosquitos dispuestos a atacar mientras estoy cenando, porque entonces mi oasis se convertirá en una ciénaga y ¡no estoy dispuesta!

En fin. Os dejo. Voy a seguir soñando mientras el sol me lo permita.

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