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¡TOCA ORDENAR EL ARMARIO!

Reconozco que cada vez que abro la puerta de mi armario, tengo miedo. Los vestidos rozan la cajonera y ofrecen un lamentable espectáculo con sus bajos arrugados. Intento sacar una blusa que sepulté debajo de otras tres y, como el armario está atiborrado, la percha se atasca, tiro y ¡raaas! Alguna prenda delicada acaba de rasgarse. Es la señal: hoy atajo este desastre.

Orden en el armario

Primer paso: saco y clasifico. Ese es el principio de Tu Casa en Orden, un libro muy inspirador editado por Bainet, que os recomiendo. La idea es sacar el contenido y agruparlo en tres montones: las prendas que valen y te pones, los objetos insólitos que no deberían estar en un ropero (una raqueta de tenis, guantes de jardinería…) y la ropa inútil (modelos de hace décadas o tallas mini adquiridas en un arrebato de optimismo).
Segundo paso: organizo. El montón de los objetos extraños lo dejo en un contenedor: ya les buscaré un sitio otra tarde. La ropa inútil la meto en una bolsa para darla o venderla. Me centro en la ropa útil. El principio básico no es organizar por temporadas ni estilos, sino formar grupos por colores. Una camiseta de verano gris se puede usar en invierno, debajo de un jersey escotado. Además, así tengo claro de qué prendas dispongo y no compro a lo tonto.

Aquí hay más ideas para mantener en orden el armario >>

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Reivindico un hueco para cada cosa

Esta mañana he encontrado un atasco monumental mientras venía trabajar. Y como en este caso, y como tantos otros, no queda más remedio que resignarse, mirando el lado positivo, he tenido más tiempo para escuchar la radio. Y en uno de los zapping de las radiofrecuencias me he encontrado con una sección entrañable, de las que te sacan una sonrisa y te hacen pensar.

cajas_verde3Y eso precisamente es lo que ha pasado, que me ha hecho pensar. De repente, por los altavoces han salido un montón de vocecillas agudas de niños que, micro en mano, contestaban a la pregunta de “¿Qué quieren tirar tus padres que tú no quieres?” Y sus respuestas me han hecho reflexionar sobre todas esas cosas que creemos que no deberíamos guardar por más tiempo. Quizá lo que para nosotros no tiene valor para otros sí y puede haber hueco para todos, aunque os parezca mentira.

Así que me dispongo a hacer una reivindicación porque para nosotros un trozo de musgo no es importante pero esta mañana los niños me han convencido de que es fundamental en sus vidas, sobre todo para uno de ellos. Y entonces he enlazado pensamientos y me he convencido de lo importante que es tener armarios en casa y sitios de almacenaje. Lo primordial: distribuir bien el interior de cada uno de los armarios. Planificar y no sólo para almacenar la ropa sino que merece la pena sacar tiempo para hacer una lista de todas las cosas que hay que guardar como la ropa de cama, las mantas, el edredón mullido y rellenito de invierno que tanto nos abriga y nos ocupa y que en verano deja paso a una finita colcha de algodón… ¿deja paso? bueno, yo diría más bien que se retira a otros aposentos, pero ¿a cuáles? Hay que buscarle una nueva ubicación. Y además necesitas almacenar alguna carpeta con recibos, porque aunque las facturas electrónicas están cada día más en boga, todavía el buzón se llena de papeles. Y si además eres una adoradora de los zapatos y no resistes comprar un bolso a juego cada vez que entra un par nuevo en tu casa, también has de tenerlo en cuenta y hacerles hueco. Y con niños… ¿seguro que a más de una se le ha pasado por la cabeza que con enanos rondando ya es imposible mantener el orden? Y no es imposible, difícil sí, pero no imposible. Eso sí, hay que colocarles muebles auxiliares en los que puedan guardar (ellos mismos) sus juguetes. Y así no les pasará como a los niños de la radio que escuchaba esta mañana entre las luces rojas de freno de los coches: “mi papá quiere tirar un juguete porque dice que no juego pero sí juego aunque él crea que no juego”. Otro, muy indignado y entristecido, aseguraba que no entendía la razón por la que su madre se empeñaba en tirar la jaula de su hámster, ¡que había muerto hacía tiempo! Aquí no se le puede dar la razón al pequeño sino a la santa madre que aún no la ha tirado, pero para poder guardar hasta la jaula del hámster desaparecido lo mejor es planificar bien.

cajones_rosaDesde aquí te invitamos a pensar dónde colocar un mueble auxiliar; cómo elegirlo en función de lo que necesites guardar (¿con puertas opacas? ¿te vienen mejor frentes de cristal? ¿y algún cajón? ¿en tu caso es preferible una balda extraíble?) o cómo distribuir esos nuevos armarios. Dedica tiempo a medir prendas, zapatos, carpetas y demás. Alíate con el orden y hazte con todas las cajas que puedas (mejor cuadradas o rectangulares que se almacenan mejor y aprovechan cualquier rincón) y ya las forraréis con bonitas telas o papeles pintados o de regalo para que al abrir las puertas del mueble se vea un interior muy chic y coordinado. Y si no eres mañosa, compra cestas forradas de tela o cajas de metacrilato o plástico, que dan muy buen resultado.

¡Ah! Y no hace falta que sea un nuevo armario, puedes meter mano por fin a los tuyos, algo que vas dejando y tienes pendiente desde hace tiempo. Plántate delante, vacíalo y tira todo aquello que lleva siglos almacenado sin uso y, por supuesto, lo que acabas de descubrir que está ahí. Porque de lo que no te acordabas, lo volverás a olvidar y los “no-recuerdos”, también ocupan lugar (como el saber ¿o acaso los libros no llenan las estanterías?). Reorganiza el espacio y verás que puedes ganar alguna balda o cajón. Al final, tienes algo más de espacio del que piensas pero es importante saber sacar el máximo partido hasta a la casa o habitación más pequeña (y a la más grande también, porque con eso de que hay más espacio se guardan cosas que no se necesitan). Y este mismo lunes he visto un ejemplo. Escenario: una habitación muy pequeña, muy pequeña, muy pequeño sin armario. Pues a pesar de que parecía imposible, han colocado un armario desde el suelo hasta el techo de 35 cm de fondo, de momento ideal para la ropa de un bebé. ¡No me lo podía creer! Colocado junto a la puerta, no restaba espacio, todo lacado en blanco, y ya estaba lleno de ropita y cajas con juguetes y complementos. Cuando el bebé crezca, tendrán que plantarse delante, sacar todo y reorganizar. Pero mientras, este niño podrá guardar su trozo de musgo…

Alejandra Muñoz (Colaboradora de redacción)

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